Estaba claro que los dos se gustaban mucho. ella la chica rara del colegio y él medio popular por las cosas que se le ocurrían y era el de los rockeritos que había ido a mas conciertos.
Ella era así medio gris medio insípida si alguien se empataba con ella era por que debía ser bien extraño también, con la ropa que usaba nadie sabia que ella escondía un cuerpo bien bonito y que era ardiente como amante. pero eso se cuenta luego.
Ellos salían hablaban andaban con los amigos y ella le contaba a él sus problemas. a veces se tocaban se abrazaban pero nada del otro mundo.
Una tarde en un parque. ellos muy abrazados hablaban hasta que hubo un rato de silencio. ella volteo su cabeza y de forma violenta besa por un rato a él. Él sorprendido reacciona un poco tarde pero así siguen un rato hasta que el debe despedirse. cuando se separan hubo placer confusión cierto miedo. y el deseo de verla a ella de nuevo
martes, diciembre 22, 2009
viernes, diciembre 18, 2009
vida
Elizabeth, mi sobrinita, entró sigilosamente a mi recámara, para despedirme.
Mirándome fijamente, me preguntó:
- Tía ¿es cierto que te vas?
- Me voy, Elizabeth.
- Entonces me quedo a dormir aquí contigo.
- Está bien.
Elizabeth corrió a traer su libro "La vida de las plantas". Me lo abrió para que yo le leyera.
Pronto Elizabeth iba a cumplir los cinco años de edad.
Comencé a leer.
Inesperadamente Elizabeth clavó sus ojos en los míos, y me preguntó:
- La vida de las plantas; tía ¿qué es la vida?
- Es difícil explicártelo, Elizabeth; la vida es el tiempo que pasa entre el momento en que naciste y el momento en que mueres.
-¿Nada más, tía?
- Nada más, Elizabeth.
- Y, cuando yo me muero ¿ya no soy nada?
- Ya no serás nada.
- ¿Cómo cuando una planta en invierno se seca?
- Más o menos
- Pero en primavera la planta despierta y tiene flores de nuevo.
- Elizabeth, para nosotros no es así; cuando tú mueres, mueres para siempre.
- ¿También tú mueres para siempre, tía?
- Sí; y también tú, Elizabeth.
- Pero tía, esto no es posible.
- Si, Elizabeth, es posible.
- Pero no es justo.
- No es justo; pero ahora duérmete, por favor.
- Si, Si, me duermo, tía; pero lo que tu me dices no es cierto; cuando yo me muera, si me secaré, pero naceré de nuevo; la vida no es lo que tú me dices, tía; es otra cosa.
Mirándome fijamente, me preguntó:
- Tía ¿es cierto que te vas?
- Me voy, Elizabeth.
- Entonces me quedo a dormir aquí contigo.
- Está bien.
Elizabeth corrió a traer su libro "La vida de las plantas". Me lo abrió para que yo le leyera.
Pronto Elizabeth iba a cumplir los cinco años de edad.
Comencé a leer.
Inesperadamente Elizabeth clavó sus ojos en los míos, y me preguntó:
- La vida de las plantas; tía ¿qué es la vida?
- Es difícil explicártelo, Elizabeth; la vida es el tiempo que pasa entre el momento en que naciste y el momento en que mueres.
-¿Nada más, tía?
- Nada más, Elizabeth.
- Y, cuando yo me muero ¿ya no soy nada?
- Ya no serás nada.
- ¿Cómo cuando una planta en invierno se seca?
- Más o menos
- Pero en primavera la planta despierta y tiene flores de nuevo.
- Elizabeth, para nosotros no es así; cuando tú mueres, mueres para siempre.
- ¿También tú mueres para siempre, tía?
- Sí; y también tú, Elizabeth.
- Pero tía, esto no es posible.
- Si, Elizabeth, es posible.
- Pero no es justo.
- No es justo; pero ahora duérmete, por favor.
- Si, Si, me duermo, tía; pero lo que tu me dices no es cierto; cuando yo me muera, si me secaré, pero naceré de nuevo; la vida no es lo que tú me dices, tía; es otra cosa.
miércoles, diciembre 02, 2009
la tela de la araña
La tela de la araña.
Javier jamás imaginó que la noche en el rio sería tan extraña. Estaba con sus amigos en ese bosque consumiendo hongos de los que salen en la bosta de la vaca, entre alguna otra cosa alucinógena. En algún momento Javier siente que los arboles le hablan y le dicen cosas e intentan abrazarlo. Él no siente miedo porque dice que la naturaleza desea comunicarse, sin embargo dice que sentía temor si lo herían sin querer los arboles con sus ramas. Después de mucho rato fija la mirada en la tela de una araña mojada por el rocío de la noche, trata de buscar a la araña pero no la consigue. Le pregunta a un árbol si la ha visto pero el árbol no le contesta. Javier se imagina que la araña puede estar en cualquier lado, asechando dispuesta a cazarlo para alimentarse y alimentar a sus hijos. Es un clico se decía Javier. Y ahora el se sentía la presa.
Javier sentía que todo lo que le rodeaba era la tela de la araña y su temor creció más. No quería tocar nada para no pegarse a la tela, pero tenía la necesidad de correr a algún lado y escapar de la araña que planeaba cazarlo. Llega al rio en el bosque y decide que si entra al agua la araña no podrá alcanzarlo y estaría a salvo de su ataque. El frio del agua lo hace reaccionar y Javier se pregunta qué diablos hace allí y como llego a ese lugar. Se recuerda que huía de una araña que una gran tela lo rodeaba y que sentía temor de ser cazado. Se ríe de sí mismo y decide no mezclar hongos con otra cosa.
(Gracias, señor C por tu aporte)
Javier jamás imaginó que la noche en el rio sería tan extraña. Estaba con sus amigos en ese bosque consumiendo hongos de los que salen en la bosta de la vaca, entre alguna otra cosa alucinógena. En algún momento Javier siente que los arboles le hablan y le dicen cosas e intentan abrazarlo. Él no siente miedo porque dice que la naturaleza desea comunicarse, sin embargo dice que sentía temor si lo herían sin querer los arboles con sus ramas. Después de mucho rato fija la mirada en la tela de una araña mojada por el rocío de la noche, trata de buscar a la araña pero no la consigue. Le pregunta a un árbol si la ha visto pero el árbol no le contesta. Javier se imagina que la araña puede estar en cualquier lado, asechando dispuesta a cazarlo para alimentarse y alimentar a sus hijos. Es un clico se decía Javier. Y ahora el se sentía la presa.
Javier sentía que todo lo que le rodeaba era la tela de la araña y su temor creció más. No quería tocar nada para no pegarse a la tela, pero tenía la necesidad de correr a algún lado y escapar de la araña que planeaba cazarlo. Llega al rio en el bosque y decide que si entra al agua la araña no podrá alcanzarlo y estaría a salvo de su ataque. El frio del agua lo hace reaccionar y Javier se pregunta qué diablos hace allí y como llego a ese lugar. Se recuerda que huía de una araña que una gran tela lo rodeaba y que sentía temor de ser cazado. Se ríe de sí mismo y decide no mezclar hongos con otra cosa.
(Gracias, señor C por tu aporte)
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