Elizabeth, mi sobrinita, entró sigilosamente a mi recámara, para despedirme.
Mirándome fijamente, me preguntó:
- Tía ¿es cierto que te vas?
- Me voy, Elizabeth.
- Entonces me quedo a dormir aquí contigo.
- Está bien.
Elizabeth corrió a traer su libro "La vida de las plantas". Me lo abrió para que yo le leyera.
Pronto Elizabeth iba a cumplir los cinco años de edad.
Comencé a leer.
Inesperadamente Elizabeth clavó sus ojos en los míos, y me preguntó:
- La vida de las plantas; tía ¿qué es la vida?
- Es difícil explicártelo, Elizabeth; la vida es el tiempo que pasa entre el momento en que naciste y el momento en que mueres.
-¿Nada más, tía?
- Nada más, Elizabeth.
- Y, cuando yo me muero ¿ya no soy nada?
- Ya no serás nada.
- ¿Cómo cuando una planta en invierno se seca?
- Más o menos
- Pero en primavera la planta despierta y tiene flores de nuevo.
- Elizabeth, para nosotros no es así; cuando tú mueres, mueres para siempre.
- ¿También tú mueres para siempre, tía?
- Sí; y también tú, Elizabeth.
- Pero tía, esto no es posible.
- Si, Elizabeth, es posible.
- Pero no es justo.
- No es justo; pero ahora duérmete, por favor.
- Si, Si, me duermo, tía; pero lo que tu me dices no es cierto; cuando yo me muera, si me secaré, pero naceré de nuevo; la vida no es lo que tú me dices, tía; es otra cosa.
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